Jueves 24 de julio de 2014

Familias deportadas enfrentan penurias

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Tocoa.

Elsa Ramírez ya había perdido a dos hermanos a raíz de la violencia que azota esta remota región caribeña cuando compañeros de trabajo involucrados en el narcotráfico asesinaron a su esposo hace cuatro meses. Los asesinos fueron entonces por ella.

Decidió partir hacia el norte con su hijos Sandra, de ocho años, y César, de cinco y quien se llama igual que su difunto padre. Dos semanas y miles de kilómetros más tarde, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos había devuelto a Ramírez a la tierra de la que había huido en la provincia hondureña de Colón.

Abrumadas por la cantidad de mujeres y niños no acompañados que están cruzando ilegalmente la frontera, las autoridades estadounidenses intensificaron las deportaciones de centroamericanos. Ramírez fue una de 58 mujeres y niños enviados la semana pasada a San Pedro Sula, considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo.

La inmigración ilegal de familias centroamericanas y de menores sin sus padres alcanzó su máxima histórica este año al circular rumores de que los niños y las mujeres con menores podrían permanecer en EE. UU. a la espera de que se resolviese su situación, lo que podía tomar años debido a los atrasos en la tramitación de estos casos.

Elsa Ramírez fue deportada por  Estados Unidos.  |  FOTO: AP
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Elsa Ramírez fue deportada por Estados Unidos. | FOTO: AP

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