Lunes 25 de agosto de 2014

Vendedor vive con miedo desde que pidió un préstamo

Por: Wanda Araya Alfaro wanda.araya@nacion.com

En un recorrido por San José y otros lugares, se encuentran  anuncios en postes de luz,  incluso,  personas buscan clientes para ofrecer dinero.  |   FOTO :GRACIELA SOLÍS
En un recorrido por San José y otros lugares, se encuentran anuncios en postes de luz, incluso, personas buscan clientes para ofrecer dinero. | FOTO :GRACIELA SOLÍS ampliar
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Ex agente del OIJ dice que existen muchos afectados que no denuncian por temor a represalias

Un préstamo de ¢200.000 es la cruz que carga IvánVargas, un vecino de Alajuela quien aceptó un préstamo que le ofrecieron en el 2011.

Cuando dijo “sí, acepto”, Vargas perdió la paz.

Él canceló las cuotas acordadas; sin embargo, cuando se atrasó iniciaron los problemas que le persiguen.

“No pagué como dos veces, entonces llegaban a la tienda a decirme que tuviera cuidado porque ellos (los prestamistas) son colombianos, también dijeron que si no pagaba iban a volar bala y a matarnos”, contó Vargas, quien en ese entonces se desempeñaba como vendedor de zapatos.

Vargas fue despedido de su trabajo porque, supuestamente, cancelaba la cuenta con el dinero de la zapatería.

Llegaron a buscarlo

Vargas trabajaba como vendedor de zapatos en Alajuela y un sujeto que él no conocía le ofreció un préstamo.

“Estábamos trabajando tres compañeros y yo, entre los cuatro accedimos a que nos prestaran ¢200.000, y lo pagaríamos entre todos. Eso sí, iba a mi nombre”, dijo.

La condición del prestamista al vendedor de zapatos y sus compañeros fue que pagaran por día ¢10.000, sin atrasos.

Un tiempo después, el prestamista se presentó en la casa de Vargas para cobrar el dinero.

“Entraron y se llevaron varias cosas, como la pantalla, los sillones y mi celular. Lo que más me preocupó es que, estando ahí, me dijeron: “Qué lindos sus hijos”, como insinuando algo”, contó el vendedor.

Presumo que con eso saldaron la cuenta, pero para evitar más problemas, mi familia y yo nos pasamos de casa. Yo vivo con miedo. Aún sufro pánico de que pase algo”.

Gerardo Castaing, ex agente del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y criminólogo, explicó que estos casos se presentan más comúnmente de lo que las personas creen.

Los “prestamistas” buscan cientes por medio de ofertas en postes de luz o distribuyendo volantes.

“Los delincuentes ven a una persona que posiblemente esté pasando por un problema de dinero. Ellos conocen todo de esa persona y le ofrecen el préstamo”, comentó el exagente, quien asegura que existe una lista negra de víctimas que no denuncian la extorsión por temor contra ellos o sus familias.

Castaing agregó que los delincuentes no pretenden solucionarle problemas a nadie, sino lucrar.

Ahora consultó al OIJ sobre denuncias de este tipo; sin embargo, tras varios días de espera la respuesta, solo dijeron que estas son manejadas por el Ministerio Público.

Como enseñanza, Vargas no aconseja a nadie adquirir préstamos de este tipo.

“A uno se lo venden muy bonito y fácil. En el momento, uno cree que solucionará los problemas económicos, pero luego se convierte en algo peligroso. Es mejor el arrocito y los frijolitos, que estar metido en eso”, comentó el vendedor.

Mejor prevenga

Confiable: En caso de necesitar un préstamo busque un banco.

Evitar: No hay que aceptar préstamos de personas desconocidas.

Conocer: En caso de solicitar un préstamo a alguien, hay que conocer el nombre de la persona y firmar documentos.

Denunciar: Si usted es víctima, debe denunciar. El silencio fomenta que otras personas caigan también la trampa.

Gerardo Castaing, ex agente del OIJ y criminólgo.

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