Sábado 23 de agosto de 2014

Temor a la vejez se va cuando se vive plenamente

Por: Jasson Clarke jasson.clarke@nacion.com

Más allá de las canas y las arrugas, la vejez puede ser una etapa de disfrute si años antes la persona invirtió en su crecimiento personal y en darle sentido a su vida.  |   FOTO :THINKSTOCK
Más allá de las canas y las arrugas, la vejez puede ser una etapa de disfrute si años antes la persona invirtió en su crecimiento personal y en darle sentido a su vida. | FOTO :THINKSTOCK ampliar
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Aceptar y prepararse para el envejecimiento es la mejor manera de combatir el miedo, afirman expertas

Muy pocas personas están preparadas emocionalmente para envejecer. Hay quienes, al acercarse a los 40, 50 y 60 años, ven con ansiedad el llegar a esa nueva etapa de la vida. Y hay otros a quienes sencillamente les da pavor pensar en mayores.

“El envejecimiento es un proceso natural, pero en nuestra sociedad se da un culto excesivo a la juventud. Todo lo joven y nuevo es visto como bueno y, por ende, lo viejo se considera antiguo, obsoleto y feo. En una sociedad que se divide tanto entre lo joven y lo viejo, nadie quiere llegar a esa etapa”, dice la gerontóloga Ana Cecilia Murillo.

De forma inconsciente casi todas las personas niegan que estén envejeciendo, aunque vean el paso del tiempo en quienes los rodean. Darse cuenta de que es un proceso inevitable, causa temor en algunos.

La psicóloga clínica Lucía Díaz explica que ese miedo se hizo muy común en la sociedad, y se evidencia en el aumento de cirugías plásticas que intentan quitarle años al rostro y el cuerpo.

Hay incluso un nombre para el miedo extremo a envejecer: gerascofobia. Las personas que lo padecen suelen tener una ansiedad descontrolada cuando piensan en llegar a la adultez mayor (vejez), a los inevitables cambios físicos y a la rutina que esto trae: canas, arrugas, pérdida de tono muscular y la jubilación del trabajo.

Aceptar lo natural

Este temor por descubrir el envejecimiento en el rostro llega a tal punto en algunas personas, que evitan verse al espejo.

Sea extremo o no, el miedo a envejecer tiene raíces en dos factores, explica Murillo.

“Negarse a sí mismo que el envejecimiento sí le ocurre, y una motivación o sentido de vida mal enfocados”.

“La manifestación más evidente es la física y la negación la vemos en personas que se centran mucho en su figura: se hacen cirugías, tratamientos antienvejecimiento”, dice Murillo.

Y si el único sentido de vida es el trabajo y, por la edad, la persona debe acogerse a la jubilación, probablemente tendrá un envejecimiento muy difícil, describe la gerontóloga.

“Al llegar a esta etapa, evaluamos que las cosas hechas nos hagan sentirnos realizados. Hay que estar tranquilos con las decisiones tomadas, y las oportunidades que aceptamos o rechazamos en la vida”, dice Díaz.

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